
En los últimos años se ha producido un deterioro ambiental
generalizado en la cuenca del Mediterráneo que se ha visto
agravado por unas prácticas intensivas de manejo aplicadas tanto
en la agricultura, la silvicultura y la ganadería como en el
sector pesquero, acuícola, industrial y de servicios.
A finales de la década de los 60, tanto los países del norte como
los del sur del Mediterráneo eran capaces de satisfacer en su
conjunto cerca del 90% de su demanda interna de alimentos. En la
actualidad, se estima que globalmente los países del sur producen
menos del 60% de sus necesidades. Asimismo, se prevé que a medio-
largo plazo se produzca una disminución generalizada en los
rendimientos productivos en toda la cuenca mediterránea como
consecuencia de los efectos del cambio climático, si bien ésta
será mucho más importante en los países del sur, debido
principalmente a la continua degradación de los suelos y de la
calidad y disponibilidad de agua que estos países padecen.
Por otra parte, la sobreexplotación de los recursos pesqueros,
junto a los importantes niveles de contaminación del mar
Mediterráneo y la elevada densidad de población de la zona litoral
están provocando desde hace ya tiempo la disminución de los
rendimientos pesqueros en toda la región. Ante esta situación, en
los últimos lustros se ha producido un aumento de la acuicultura,
como alternativa a la presión a la que se viene sometiendo a la
pesca, lo que ha generado en algunos casos importantes
interacciones con el medio ambiente.

Asimismo, en la cuenca del Mediterráneo la actividad industrial y
de servicios está dando lugar a consumos elevados e insostenibles
de los recursos disponibles y a la posterior emisión de grandes
cantidades de residuos –metales pesados, compuestos orgánicos
persistentes, aceites, grasas y residuos plásticos, etc.- cuyos
efectos sobre el medio ambiente a medio y largo plazo son
imprevisibles.
En este contexto, se hace necesario promover en la región
mediterránea el desarrollo humano y económico, compatible con la
sostenibilidad de los recursos e incorporando la dimensión social.
Esto implica consumir los recursos renovables a tasas inferiores
que aquellos a las cuales son generados, teniendo en cuenta la
capacidad de carga de los sistemas, producir desechos a niveles
más bajos que la capacidad de absorción del medio ambiente y
optimizar la eficiencia de los procesos productivos.
Las acciones que se realicen en el marco del Programa Azahar deben
ir enfocadas hacia las siguientes áreas:
» Apoyo a los sistemas de producción agrícola, forestal, ganadero,
pesquero, acuícola, industrial y de servicios que incorporen los
conceptos y valores de desarrollo sostenible.
» Fomento de la mejora de la eficiencia y de la productividad de los
recursos que no causen daños significativos en el medio ambiente.
» Fortalecimiento de la capacidad de organización, producción,
elaboración y comercialización de los productos de una manera
sostenible.
» Identificación de alternativas productivas no agresivas con el
medio ambiente.